Fue un presbítero francés, nacido el 08 de mayo de 1786, en Ars-sur-Formans, una comuna situada en el departamento de Ain, de la región de Auvernia-Ródano-Alpes.
A la edad de 20 años recibió el sacramento de la Confirmación y eligió a San Juan Bautista, como su santo patrono. A partir de entonces firmó como Juan María Bautista, o Juan Bautista María, y durante toda su vida el Bautista fue uno de sus santos favoritos.
Su humildad, su predicación, su discernimiento y saber espontáneos, y su capacidad para generar el arrepentimiento de los penitentes por los males cometidos fueron proverbiales.
Administrador del sacramento de la penitencia durante cuatro décadas a razón de más de diez horas diarias, llegó a hacerlo entre dieciséis y dieciocho horas por día, hasta que enfermó en 1843. Se lo considera uno de los grandes confesores de todos los tiempos.
Después de una breve estadía en la escuela comunal, en 1806 el cura de Ecully, M. Balley, abrió una escuela para aspirantes a eclesiásticos, y Juan María fue enviado a ella. Aunque era de inteligencia mediana y sus maestros nunca parecieron haber dudado de su vocación, sus conocimientos eran extremadamente limitados, acotados a un poco de aritmética, historia, y geografía.
Encontró el aprendizaje excesivamente difícil, especialmente el estudio del latín. Uno de sus compañeros, Matthias Loras, más tarde primer obispo de Dubuque, le ayudaba con sus lecciones de latín.
Como otros muchos seminaristas, hizo una peregrinación al santuario de San Juan Francisco Régis en Lalouvesc (1806). Ese mismo año fue dispensado del servicio militar en su calidad de aspirante al sacerdocio.
Sin embargo, fue llamado a filas en 1809, y el 26 de octubre, el joven recluta ingresó al cuartel de Lyon para ser enviado al ejército napoleónico que invadía España, vía Roanne.
El 6 de enero de 1810, Juan María desertó, y con la identidad de Jerónimo Vincent, se ocultó en los bosques del Forez, en los alrededores de Noes. Liberado del servicio militar y de su situación irregular por el enrolamiento anticipado de su hermano menor, el desertor regresó en octubre de 1810 a casa del párroco Balley. Recibió la tonsura el 28 de mayo siguiente.
La parroquia de Ars
En febrero de 1818, Vianney fue enviado como clérigo a Ars, una aldea no muy lejana a Lyon. Ars no tuvo la categoría de parroquia hasta 1821; hasta entonces Vianney fue solo vicario de Ars, sometido a la autoridad del párroco de la vecina aldea de Misérieux.
Ars era entonces «el último pueblo de la diócesis», con alrededor de 250 habitantes, mayormente de condición humilde. La casa del cura tenía cinco habitaciones amuebladas, pero de todo ese moblaje, Vianney solo se quedó con una cama, dos mesas viejas, un aparador, unas pocas sillas y una sartén.
La principal labor del Cura de Ars fue la dirección de almas. No llevaba mucho tiempo en el pueblo cuando la gente empezó a acudir a él de otras parroquias, luego de lugares distantes, más tarde de todas partes de Francia, y finalmente de otros países.
En 1835 su obispo le prohibió asistir a los retiros anuales del clero diocesano porque «las almas le esperaban allí». Desde 1830 hasta que enfermó en 1843, pasó de dieciséis a dieciocho horas diarias en el confesonario, sin ayuda siquiera de un teniente cura, que recién le fue asignado en 1843, luego de haber enfermado gravemente y de apenas salvarse de la muerte.
Incluso después de su enfermedad, continuó con su régimen de vida sumamente austero y sus confesiones. Su consejo era buscado por obispos, presbíteros, jóvenes y mujeres con dudas sobre su vocación, aristócratas y plebeyos, damas de sociedad, intelectuales y labriegos, personas con toda clase de dificultades y enfermos.
En 1855, el número de peregrinos había alcanzado los veinte mil al año. Las personas más distinguidas visitaban el pueblo con la finalidad de ver al cura de Ars y oír su enseñanza cotidiana.
Fueron muchos, entre quienes se arrodillaron en el confesonario de Ars, los que aseguraron que Juan María Vianney parecía saber todo de ellos sin conocerlos. Resulta difícil desestimar esto, por el elevado número y variedad de esos testimonios.
El demonio siempre molestaba al Santo Cura de Ars con ruidos extraños y fuertes por las noches. Su intención era agotarlo para que no tuviera fuerzas para confesar o celebrar la Eucaristía.
Cierto día que el santo se disponía revestirse para la Santa Misa, el maligno incendió su cama. San Juan, sabiendo que el enemigo quería detener el oficio divino, dio las llaves del cuarto a aquellos que iban a apagar el fuego y prosiguió.
“El villano, al no poder atrapar al pájaro le prende fuego a su jaula”, fue lo único que dijo. Mucho tiempo después, el Señor premió al santo con un extraordinario poder de expulsar demonios de las personas poseídas.
Reconocimiento de la Iglesia y legado
La basílica de Ars alberga las reliquias del santo.
El 3 de octubre de 1874 Juan Ma. Vianney fue proclamado venerable por Pío IX y beatificado el 8 de enero de 1905. El papa Pío X lo propuso como modelo para el clero parroquial. En 1925 el papa Pío XI lo canonizó.
Su memoria litúrgica en el rito romano se celebra el 4 de agosto, ocasión en que se celebra además el día del párroco. Antes de la reforma litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II, su celebración tenía lugar el 8 de agosto.
El papa Juan XXIII escribe en 1959 la encíclica Sacerdotii nostri primordia, en la cual realza, en el centenario de la muerte del santo, las virtudes primordiales de todo sacerdote: la oración, la eucaristía y el celo apostólico.
Cincuenta años más tarde, el papa Benedicto XVI proclamó un año completo conmemorando los 150 años de san Juan María: del 19 de junio de 2009 al 11 de junio de 2010. Nombrado patrono de todos los sacerdotes católicos, ese año fue llamado el Año sacerdotal.
Murió el 04 de agosto de 1859, a la edad de 73 años.





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