Este próximo 28 de agosto, el santoral celebra a San Agustín, obispo de Hipona y doctor de la Iglesia, pero, ¿qué tanto sabes de él?
Historia de San Agustín
Agustín nace en Tagaste (hoy Túnez) el 354, hijo de un hombre pagano de nombre Patricio y de una mujer católica, Mónica – que también será santa de la Iglesia. De una inteligencia extraordinaria, sale de su pueblo para estudiar retórica con sólo 11 años. Allí, en compañía de malas influencias, Agustín se abrazará a la vida libertina y se adherirá al maniqueísmo, corriente herética de la época.
Tendrá luego un hijo, Adeodato, con una mujer con la que nunca llega a casarse, y llegará a ser orador de la corte del emperador de Roma. A pesar de la fama y prestigio que llega a alcanzar, reconocía un vacío interior, una inquietud constante que le hacía buscar la verdad y, sobre todo, decepcionarse de no encontrarla allí en donde la buscaba.
Esto lo llevó a abandonar primero el maniqueísmo, pero también, posteriormente, el escepticismo y la astrología, corrientes también en boga en su tiempo. En el 384 es nombrado profesor en Milán, ciudad en donde conocerá a San Ambrosio, con quien entablaría una relación de admiración y rivalidad, pero sobre todo, por cuya influencia Agustín encontrará el camino a la verdad.
Proceso de conversión
Hacia el 385, se convirtió al cristianismo y abrazó la vida monacal como laico, aunque sólo 6 años después, se le ordenaría sacerdote y obispo de Hipona.
La vida de Agustín está marcada por dos elementos sustanciales: la inquietud, que a la postre lo lleva a encontrar la paz y la verdad en Dios, y por otro, el intelecto, mediante el cual logró fundamentar muchas de las concepciones que hoy entendemos de nuestra fe. Sumado a esto, debemos también a su madre la conversión de Agustín, puesto que se sabe por los propios textos del santo que Mónica lloró y rezó incesantemente a Dios por esto, y San Ambrosio llegó a decirle que no debía preocuparse, pues “un hijo de tantas lágrimas no puede perderse”.
El santo de Hipona dejó una extensa cantidad de obras sobre filosofía y teología, siendo las más importantes las Confesiones (la primera autobiografía registrada en la historia), la Ciudad de Dios y también La Trinidad.
También, es el doctor de la Iglesia más citado por el Catecismo, siendo pilar fundamental de la teología católica junto a Santo Tomás de Aquino.
La historia de Agustín nos deja ver que no hay imposibles para Dios, que no hay corazones que Él no pueda cambiar, y que siempre existe esperanza para aquellos que buscan la verdad y el amor.
Como dirá en su libro Confesiones: “Nos hiciste, Señor, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti”.
Que, como Agustín, nunca nos cansemos de buscar al Señor, pues sin duda nos busca en todo momento.
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